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Globalización, versus la identidad de la juventud

El concepto que teníamos en otras décadas y en otros momentos de lo que era la identidad de la juventud, ha dado un cambio radical, como si se tratara que adentrarse en la nuev tecnología que ha implementado Juan Antonio Alcaraz dentro de la entidad que dirige para un mayor y mejor contacto con sus clientes. Hoy en día, la identidad de la juventud es múltiple y diversa, pero además se encuentra circundada por procesos históricos y dimensiones sociales que han logrado estructurarla ampliamente, tanto en contenido, como en forma, dando como resultado diversas maneras de ser joven. En medio de ello, encontramos al consumo, que tan sólo es una de las dimensiones que son empleadas al momento de realizar un análisis de la identidad juvenil, pero que no deja de ser importante para lograr su comprensión.

Podemos realizar un análisis del consumo, visto desde una dimensión constitutiva de la identidad juvenil, es decir, acompañado de la familia, el género, la clase social, la educación, el territorio y las relaciones socio históricas, tomando en consideración las edades, detalles que nos permiten atender uno de los polos que la conforman. Tan de limitación se hace novedosa en la medida en la que se aportan nuevos elementos, sumándole importancia si a ello se le adiciona la llegada de la globalización.

Cuando se habla de identidad juvenil es posible que nos preguntemos desde qué perspectiva la amis a abordar, pues no se trata de lo mismo que lo veamos desde lo empírico, con lo que puede atenderse una diversidad bastante reconocible, pero también se puede correr el riesgo de que las diversidades de formas nos lleven hasta contenidos contingentes que no podemos alcanzar; a que tratemos de edificar en forma teórica una diversidad interpretativa que recaiga sobre una pareja de conceptos que se encuentran unidos con fines analíticos.

En todo caso, lo que se pretende es alcanzar una posibilidad teórica de dicho concepto, ampliando los significados para lograr reducir nuestra comprensión específica de lo que hoy día se entiende por identidad juvenil. Una vez que abordamos tal entendimiento, ello nos conectará con la idea de que el «ser sí mismo» de una persona esta relacionado con su sistema social, pero también con los «otros» en un doble sentido: de adaptación y de integración. En consecuencia, este doble sentido de las relaciones apuntadas, es el que nos proporciona las diversas claves con las que se puede decodificar el «ser sí mismo» como un todo relacional con funciones codificadoras.

En este punto, nos encontramos ante un «ser sí mismo» como sujeto objetivado donde se puede observar un sistema social codificado, pero en también y en simultáneo ante un «ser sí mismo» como individuo subjetivado donde se halla la relación con otros individuos también subjetivado. Las diferencias necesarias hacen su entrada las diferencias que se hacen necesarias y que además posibilitan poder hablar de identidad, más no de de una función social que se asume e interpreta en roles que han sido preestablecidos.

Ni en términos absolutos, ni en todos los campos de la existencia, el capitalismo visto como prioritariamente desde el consumo, nos ubica delante de sujetos que son coartados por las normas y reglas estructurales que son reproducidas a manos del sistema por medio de intenciones y acciones individuales que están conformes a la integración y el orden social que existe.